Una persona cruza una calle anegada en la localidad de l'Alcúdia (Valencia), a 28 de diciembre de 2025.(EFE/ Kai Forsterling)

Una persona cruza una calle anegada en la localidad de l’Alcúdia (Valencia), a 28 de diciembre de 2025.(EFE/ Kai Forsterling)

El otoño empieza este miércoles y junto a él la temporada de lluvias. Esta época se asocia tradicionalmente a los días nubosos y los suelos mojados, aunque el patrón está cambiando. En los últimos años, los meteorólogos han observado que cae aproximadamente la misma cantidad de agua, pero en menos tiempo y, en muchas ocasiones, de forma torrencial, como ya vimos a principios de año en Andalucía. A su vez, el aumento de las temperaturas del mar provoca a que haya una mayor tendencia a que se produzcan reventones de lluvia y fuertes descargas de agua que derivan, como con la DANA de Valencia de 2024, donde ya se ha constatado que el calentamiento del mar actuó como combustible.

El escenario es complejo. Según los datos del año hidrológico actual, que comenzó el 1 de octubre de 2025 y terminará el próximo 30 de septiembre, hasta el 15 de septiembre se habían acumulado en el conjunto de la España peninsular 643 litros de agua por metro cuadrado, un 6% por encima de lo normal. No obstante, las precipitaciones han sido muy irregulares: la mitad de ellas se acumularon entre el 15 de diciembre y el 15 de marzo.

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El patrón de las lluvias está cambiando. Durante la presentación del balance de verano, el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), Rubén del Campo advertía que la mayor parte de la lluvia se acumuló en poco tiempo. Tras una primera parte de otoño seca que cambió a mediados de noviembre, llegaron unas precipitaciones extraordinarias con la llegada del tren de borrascas que provocó inundaciones en distintas partes de España.

A mediados de enero, la precipitación acumulada se disparó hasta situar temporalmente el año hidrológico entre los más lluviosos de la serie histórica. Después se sucedieron nuevos parones y, desde mediados de mayo, apenas se han registrado lluvias, de modo que los seis meses posteriores a la concentración inicial solo han reunido una quinta parte del total.

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“Si vamos a la cifra, el año hidrológico ha sido normal, pero es verdad que la mayor parte de la lluvia se acumuló en poco tiempo. No quiere decir que esto sea atribuible al cambio climático. Hay que hacer sus estudios de atribución, pero es verdad que las proyecciones de cambio climático hablan precisamente de esto en nuestro país: de una concentración de los episodios de lluvias en periodos más cortos sin que cambie mucho la cantidad total que cae”, explicaba Del Campo.

La previsión estacional que también ofrece el organismo no anticipa cómo será este otoño en cuanto a las precipitaciones. Las proyecciones de precipitaciones ofrecen una señal menos definida en el área mediterránea, el tercio sur y los archipiélagos, donde es igual de probable que el trimestre resulte lluvioso o seco. En el oeste y el centro peninsular, la probabilidad de un periodo más húmedo asciende al 50 % frente al 20 % de un escenario seco, mientras que Galicia, Castilla y León y el norte de Extremadura presentan un 70 % de posibilidades de recibir más lluvia de la normal.

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La temperatura del agua añade energía disponible a la atmósfera en la fachada mediterránea. El Mar Balear ha vivido el verano más cálido desde 1940, con una anomalía de 2,5 grados sobre el valor normal y registros máximos superados durante casi la mitad de la estación. De hecho, entre el 6 y el 20 de agosto, la temperatura del mar rebasó los 29 grados. Finalmente, el 17 de agosto alcanzó los 29,8 grados en el conjunto del Mar Balear, cerca de medio grado por encima del anterior máximo, registrado en 2022 con 29,3 grados.

El delegado territorial, Jorge Tamayo, también presente durante la presentación del balance, comparaba estas cifras con otras cuencas más cálidas: “En las zonas del Caribe, a partir de 26 grados se considera que es el umbral de riesgo para que ya haya suficiente energía para los huracanes tropicales. Aquí, evidentemente, no hay los ciclones tropicales, no estamos en esa situación, pero sí con temperaturas equivalentes a otros mares mucho más cálidos”. Pero, ¿a qué responde esta comparación?

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El aumento de la temperatura del mar y del aire permite que la atmósfera retenga y transporte más vapor de agua, actuando como combustible adicional para enormes tormentas, transformándolas en más virulentas y complejas. Esto ya ocurrió durante la DANA de Valencia de 2024, que provocó la muerte de 237 personas.

La presencia de un mar caliente no basta, por sí sola, para provocar una DANA o lluvias torrenciales. “Tenemos combustible, lo que no sabemos es si vamos a tener el coche”, apuntaba Tamayo, que detallaba que “no sabemos ahora mismo si vamos a tener o no vamos a tener la configuración atmosférica que da lugar a la DANA. Eso es algo que ahora mismo no podemos saber. Hemos tenido años muy parecidos a este en los cuales no ha habido esta situación de danas y otros años, incluso con el mar algo más frío que lo que tenemos ahora, que las ha habido”.

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