
Un condenado a prisión perpetua por un doble homicidio cometido cuando era menor de edad, recientemente solicitó en New Hampshire una reducción de su pena de prisión perpetua a un mínimo de 30 a 40 años.
Robert Tulloch había sido sentenciado por los asesinatos de los profesores de la Universidad de Dartmouth Half y Susanne Zantop, cuando tenía 17 años. Sin embargo, este lunes recibió una nueva pena de 45 años a reclusión perpetua por cada homicidio, que deberá cumplir de forma concurrente.
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Así lo determinó el Tribunal Superior del condado de Grafton, en el estado de New Hampshire, tras una audiencia que se realizó como consecuencia de los cambios legales derivados del fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos en 2012, que declaró inconstitucional la pena perpetua obligatoria para menores de edad.
Más del 75% de los condenados a perpetua por delitos cometidos cuando eran menores fueron re-sentenciados en Estados Unidos y recibieron penas inferiores a 40 años, según un estudio de 2024 publicado en el Journal of Criminal Justice. Este dato formó parte del argumento de la defensa de Tulloch en la audiencia que se desarrolló este lunes.
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Según detalló Associated Press, el fiscal general de New Hampshire, John M. Formella, confirmó que la nueva condena para Tulloch responde a la jurisprudencia establecida por el fallo Miller v. Alabama, que obligó a revisar las penas de prisión perpetua sin libertad condicional impuestas de manera automática a menores.
El juez Lawrence MacLeod volvió a condenar a Tulloch a una pena de entre un mínimo de 45 años y cadena perpetua. Podría optar a la libertad condicional en 2046, cuando tenga 62 años, la misma edad que tenía la víctima Half Zantop, cuando fue asesinado.
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El Departamento de Justicia del estado precisó que, como parte del acuerdo, Tulloch renunció a solicitar futuras reducciones de condena y no podrá tener contacto con la familia de las víctimas. Tampoco beneficiarse económicamente de los hechos con relatos o publicaciones de libros.
Robert Tulloch actualmente tiene 43 años y fue condenado automáticamente a prisión perpetua sin libertad condicional tras declararse culpable de asesinato en primer grado por el crimen de 2001.
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A pesar de esto, la resolución de la Corte Suprema de Estados Unidos en 2012 para que esas penas obligatorias sean inconstitucionales para los menores, abrió una vía de revisión para centenares de presos condenados por homicidios cometidos durante la adolescencia, incluidos cinco hombres que cumplían perpetua en New Hampshire. La audiencia de Tulloch fue la última de esas cinco.

Los abogados Richard Guerriero y Oliver Bloom sostuvieron en una presentación judicial que una pena mínima de entre 30 y 40 años era adecuada a la luz de otros asesinatos cometidos por menores en New Hampshire y de casos del resto del país afectados por los fallos del máximo tribunal.
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Ese planteo también se apoyó en la conducta de Tulloch en prisión. Los abogados afirmaron que sus registros muestran madurez y que, tras problemas disciplinarios en los primeros años, no tuvo infracciones graves desde 2012 ni faltas menores desde 2017.
La defensa añadió una frase que buscó dimensionar la naturaleza de esos antecedentes: “La gran mayoría de sus sanciones disciplinarias son por poseer demasiados libros”. En citas de sus registros terapéuticos, los letrados señalaron además que expresó un “remordimiento significativo” por lo que considera un crimen atroz e imperdonable, por su “pensamiento juvenil distorsionado” y por su “buena capacidad de empatía”.
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De acuerdo con el relato judicial citado por la agencia, Tulloch y su amigo James Parker estaban aburridos de su vida en Chelsea, Vermont, cuando idearon matar a desconocidos, robarles dinero y mudarse a Australia.
Durante varios meses tocaron puertas en New Hampshire y Vermont con el pretexto de realizar una encuesta ambiental hasta que los profesores Zantop los dejaron entrar en su casa. Susanne Zantop, de 55 años, dirigía el departamento de estudios alemanes de Dartmouth College. Su esposo, Half Zantop, de 62, enseñaba ciencias de la Tierra.
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Por su parte, Parker —que en aquel entonces tenía 16 años— declaró ante los fiscales que Tulloch apuñaló a Half Zantop y luego le indicó que atacara a Susanne Zantop. Tulloch también la apuñaló.

Las huellas dactilares encontradas en la funda de un cuchillo y la marca ensangrentada de una bota vincularon a los dos adolescentes con el crimen. Después de ser interrogados por la policía, huyeron de Vermont y viajaron hacia el oeste haciendo autostop hasta que fueron detenidos semanas más tarde en una parada de camiones de Indiana.
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Parker cooperó con la acusación y se declaró culpable como cómplice de asesinato en segundo grado. Recuperó la libertad condicional en 2024, a los 40 años, después de haber cumplido casi el mínimo de su condena de 25 años a prisión perpetua.
Durante su audiencia de libertad condicional, Parker aseguró: “Creo que es inimaginablemente horrible. Sé que no hay una cantidad de tiempo ni cosas que yo pueda hacer para cambiarlo o aliviar el dolor que causé”.

Los fallos de la Corte Suprema de Estados Unidos solo abordaron las cadenas perpetuas obligatorias sin libertad condicional para menores. Aun así, el país sigue siendo el único que permite penas discrecionales de ese tipo para personas que cometieron delitos siendo menores.
Según la Campaign for the Fair Sentencing of Youth, 28 estados y el Distrito de Columbia prohibieron esa práctica. Otros cinco estados la permiten, pero no tienen a ninguna persona cumpliendo esa condena.
En New Hampshire, los legisladores rechazaron intentos de eliminar la prisión perpetua para menores, pero el caso de Tulloch podría reforzar futuros proyectos. Después de que él argumentara en 2018 que esa pena violaba la constitución estatal, el juez pidió la opinión de la corte suprema local, que declinó intervenir.
El año pasado, el juez del Tribunal Superior, Lawrence MacLeod coincidió con Tulloch y concluyó que la constitución estatal prohíbe categóricamente esas sentencias por constituir un castigo “cruel o inusual”. Citado por Associated Press, ese antecedente se convirtió en una pieza clave de la nueva audiencia.

Entre los otros cuatro casos de New Hampshire revisados tras los fallos federales, un hombre volvió a ser condenado a prisión perpetua sin libertad condicional después de negarse a asistir a su audiencia o autorizar a sus abogados a pedir una pena menor. Los demás recibieron condenas de 25 años a perpetua, 40 años a cadena perpetua y 45 años a prisión perpetua.