(BUENOS AIRES).- "Soy más paciente, aunque por dentro sigo siendo el mismo". La definición de Rodolfo Arruabarrena pinta de cuerpo entero su regreso a Boca después de una década. El Vasco volvió al club diez años más maduro, pero con el temperamento intacto.
“Me encuentro 10 años más viejo, el tiempo me ha dado más paciencia de la que tenía”, explicó el entrenador. Durante su primer ciclo, Arruabarrena era visto como un técnico más impulsivo, de reacciones a flor de piel.
Sin embargo, el paso de los años no planchó su carácter. “Para adentro puedo generar quilombo”, admitió, y dejó en claro que la calma exterior no le quita el fuego interno.
Para mantener ese equilibrio, el DT se apoya en su cuerpo técnico. “Tengo un staff que me dice si me equivoco”, contó. La escucha activa es una herramienta que antes no tenía tan presente.
En su primera etapa, muchas de sus decisiones estaban atravesadas por la urgencia. Ahora, ese ímpetu se combina con análisis y contención, según sus propias palabras. El entrenador destacó que hoy cuenta con herramientas distintas para gestionar un grupo, y eso se nota en su discurso.
El plantel de Boca atraviesa una reconstrucción y necesita un conductor que transmita tranquilidad. Arruabarrena entiende que su nuevo perfil puede ayudar en la búsqueda de identidad del equipo. La experiencia acumulada en estos años le permite afrontar el desafío con otra mirada: ya no se trata solo de dirigir, sino de gestionar egos, momentos y contextos complejos.
La frase del Vasco generó repercusión inmediata entre los hinchas, que valoran esa mezcla de experiencia y temperamento. No esquiva su personalidad, pero deja en evidencia que hoy tiene mayor capacidad para contener y analizar antes de actuar. En un fútbol donde los cuerpos técnicos funcionan cada vez más como equipos colectivos, el DT subrayó que su crecimiento también se apoya en quienes lo rodean.
“Me encuentro 10 años más viejo”, repitió en más de un pasaje de la charla, como si la autocrítica fuera el punto de partida de esta nueva etapa. Arruabarrena sabe que Boca no admite grises y que la exigencia es permanente. Sin embargo, eligió mostrarse sin filtros, algo poco frecuente en un ambiente donde predominan los discursos armados.
El equilibrio entre la paciencia que ganó y el carácter que mantiene es, según sus propias palabras, la clave de su versión actual como conductor. El equipo sigue en plena búsqueda de su mejor forma futbolística, con cambios en nombres y en la idea de juego, y el Vasco aparece como la figura encargada de ordenar ese proceso. Los próximos partidos serán la primera prueba concreta para medir si esa combinación de calma y temperamento se traduce en resultados.