MINCETUR - exportaciones

Los aranceles de Estados Unidos a exportaciones peruanas reabrieron el debate sobre la competitividad del Perú en los mercados internacionales.

Los nuevos aranceles impuestos por Estados Unidos a parte de las exportaciones peruanas han reabierto un viejo debate: ¿qué tan competitiva es realmente nuestra oferta exportable? Más allá del impacto inmediato sobre productos como arándanos, uvas, espárragos, mandarinas o confecciones, esta medida deja una enseñanza más profunda. Los tratados comerciales abren mercados, pero no garantizan competitividad.

Desde el 24 de julio, Estados Unidos aplica un arancel de 12,5% a diversos productos peruanos, aunque formalmente el arancel lo paga el importador estadounidense, este costo termina distribuyéndose a lo largo de toda la cadena. Los compradores exigen mejores precios, los márgenes de los exportadores se reducen y algunos contratos pueden terminar migrando hacia proveedores de otros países. El verdadero problema, entonces, no es el impuesto en sí, sino la pérdida de competitividad frente a quienes enfrentan menores barreras.

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Con una menor oferta de mango peruano y ecuatoriano, una parte de la fruta disponible de ambos países tendría como destino el mercado de Estados Unidos durante noviembre.
El arancel de Estados Unidos reduce los márgenes de los exportadores peruanos y puede desviar contratos hacia proveedores de otros países.

Existe, sin embargo, un aspecto que el Perú sí puede atender con relativa rapidez. Parte del diferencial arancelario responde a la evaluación que realiza Estados Unidos sobre los mecanismos que cada país tiene para prevenir el comercio de bienes vinculados al trabajo forzoso. En ese aspecto, el Perú mantiene un vacío normativo que convendría revisar. Hacerlo no garantiza una reducción automática del arancel, porque la decisión final corresponde al gobierno estadounidense, pero sí fortalecería la posición del país. No obstante, limitar el debate al arancel sería un error. La verdadera discusión debe centrarse en cómo fortalecer la competitividad.

En sectores como la agroexportación y las confecciones, donde centavos por kilogramo pueden definir un contrato, la respuesta no debería ser vender más barato. Debería ser producir mejor. Eso significa incorporar tecnología, automatizar procesos, reducir desperdicios, utilizar inteligencia artificial para optimizar la producción y mejorar la logística. Competir por precio nunca será la mejor estrategia; lo que corresponde mejorar es la productividad y convertirla en la principal ventaja competitiva.

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Entre enero y mayo, las exportaciones sumaron USD 38.977 millones, un 40,6% más que en el mismo periodo del 2025, según el Mincetur.
Desde el 24 de julio, Estados Unidos aplica un arancel de 12,5% a productos peruanos como arándanos, uvas, espárragos, mandarinas y confecciones. Foto: Andina

El desafío también alcanza al Estado. La competitividad de las exportaciones no depende únicamente del esfuerzo empresarial. Reducir los costos logísticos mediante mejores carreteras, puertos más eficientes, procesos aduaneros ágiles y mayor conectividad digital puede generar beneficios mucho mayores que cualquier medida de corto plazo. Asimismo, fortalecer los programas de innovación, certificaciones internacionales, trazabilidad y sostenibilidad permitirá consolidar una oferta exportadora con mayor valor agregado y menor vulnerabilidad frente a cambios en la política comercial de otros países.

Otro aspecto clave es la diversificación de mercados. Aunque Estados Unidos continúa siendo uno de los principales destinos de las exportaciones peruanas, el crecimiento de Asia, Medio Oriente e India abre nuevas oportunidades para reducir la dependencia de un solo mercado. Diversificar no significa abandonar Estados Unidos, sino construir una estrategia comercial más resiliente frente a un contexto internacional cada vez más cambiante.

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Un grupo de ejecutivos en una terraza de edificio, un paisaje urbano con rascacielos, puerto con contenedores y barcos, autopista con camiones y un tren, con estelas de luz.
La diversificación de mercados hacia Asia, Medio Oriente e India puede reducir la dependencia del Perú respecto de Estados Unidos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En realidad, los nuevos aranceles reflejan una tendencia más amplia. El comercio internacional atraviesa una etapa de mayor proteccionismo, donde las decisiones geopolíticas y los intereses estratégicos tienen un peso creciente. En este escenario, las ventajas competitivas tradicionales resultan insuficientes. Los compradores internacionales valoran cada vez más la capacidad de garantizar calidad, sostenibilidad, trazabilidad y continuidad del suministro.

El Perú ha demostrado durante las últimas dos décadas que puede convertirse en una potencia exportadora, especialmente en el sector agroindustrial. Mantener ese liderazgo exigirá avanzar hacia un modelo basado menos en ventajas arancelarias y más en productividad, innovación y diferenciación. Al final, los tratados comerciales abren puertas, pero son la eficiencia y la capacidad de adaptación las que permiten permanecer y crecer en los mercados internacionales.

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La verdadera protección frente a un mundo cambiante no será un menor arancel, sino una mayor competitividad.

Luis Quirós Rossi