Al término del gobierno de Gabriel Boric en marzo pasado, Álvaro Elizalde se dedicó a cumplir una promesa hecha a su familia. “Pasar más tiempo con ellos”, señala para explicar su ausencia de la contingencia en momentos en que la actual administración de José Antonio Kast tramitaba la megarreforma. Y aunque hace una pausa en la promesa familiar, el exministro del Interior sostiene que ese sigue siendo un compromiso “en desarrollo”.
¿En qué pie quedó la relación entre el gobierno y la oposición tras la tramitación de la megarreforma?
Todo diálogo para generar acuerdos requiere voluntad de escucha recíproca para incorporar miradas distintas. Lo que hemos visto es una decisión del gobierno, y particularmente del ministro (Jorge) Quiroz, de avanzar en su proyecto, que además es técnicamente deficiente, sin escuchar a la academia, a los organismos internacionales o al Consejo Fiscal Autónomo respecto de las advertencias formuladas y, menos aún, con voluntad de incorporar aspectos que para la oposición son sustantivos.
La réplica del gobierno es que fue la oposición la que negó el diálogo desde el inicio al manifestar su rechazo a la megarreforma aun sin conocerla y votar en contra de la idea de legislar…
En los acuerdos que se lograron en otros gobiernos, el diálogo se realizó antes de la votación de la idea de legislar. En la reforma de pensiones, sin ir más lejos, hubo un preacuerdo. Hubo voluntad de parte del gobierno del presidente Boric de escuchar las propuestas que hacía la oposición y establecer un rayado de cancha que diera garantías a todos los actores. Y en el caso del ministro Quiroz, como sabe que tiene mayoría en ambas cámaras, tomó la decisión de avanzar sin ningún tipo de contrapeso.
¿No es justo sostener que la oposición también tenía la predisposición a no allanarse a ningún tipo de conversación?
Quien debe dar las garantías de que el diálogo va a llegar a puerto es el gobierno. Todo lo que pasó no dista de la trayectoria política del Presidente Kast, quien desde que rompe con la UDI, por considerarlo un partido moderado, nunca participó ni como parlamentario, candidato presidencial o como líder del Partido Republicano en ningún acuerdo relevante para Chile. Si al inicio de la actual administración había cierta desconfianza respecto de la real voluntad de diálogo del gobierno del Presidente Kast como resultado de su trayectoria previa, lo cierto es que una vez en La Moneda se ha mantenido la misma actitud.
Hubo amagues de acuerdo con parte de la oposición…
Cuando el ministro Quiroz llega a un acuerdo parcial con senadores del PPD, acto seguido, presenta una indicación para rebajar más aún los impuestos corporativos. Eso lo grafica de cuerpo entero.
¿Falta de experiencia o le atribuye otro tipo de carga?
No hay que tener experiencia para saber que las palabras se cumplen y que si uno llega a un acuerdo no puede estar cambiando las reglas del juego.
¿Qué lecciones tiene que sacar la oposición de este proceso?
El fenómeno del crecimiento de la extrema derecha no está acotado a la sociedad chilena, está en todas las democracias occidentales, con mayor o menor nivel de éxito. Y ante eso el progresismo tiene que generar un debate y una propuesta con vocación de mayoría respecto de lo que representa nuestro proyecto y por qué beneficia a la gran mayoría de las chilenas y chilenos. Esto no se trata de sumar siglas, sino de tener una propuesta convocante.
Habla de la extrema derecha. ¿Usted es de los que creen que el gobierno de José Antonio Kast es de ultraderecha?
Si uno analiza cuáles son sus referentes programáticos y políticos en el mundo son todos de extrema derecha. El Presidente Kast ha señalado que sus referentes son el gobierno de Víctor Orban en Hungría, que acaba de perder las elecciones, y el partido Vox en España, súmele su admiración por el Presidente Trump, que por lo menos no le ha dado réditos para Chile, como quedó en evidencia al momento en que se anunció el alza de aranceles. Sus referentes en el mundo son de extrema derecha.

Una cosa son los referentes y otra es lo que es uno mismo. ¿Eso lo hace ser un gobierno de ultraderecha?
Creo que tiene como referentes a aquellos que han promovido lo que se llama la democracia iliberal, es decir, la democracia sin derechos, que creen en las elecciones, pero no en los contrapesos de poder que deben existir en todo sistema democrático. Y cuando pierden las elecciones las desconocen. Esos son los referentes que Kast tiene en el mundo. Y si uno va a lo que ha hecho en Chile, es implementar una agenda económica dogmática, con recetas que se llevaron adelante en la década del 80 y que no resultaron en ninguna parte.
Su excompañero de gabinete, el exministro Luis Cordero, planteó la semana pasada en La Tercera que se evalúa mal al gobierno de Kast, que no se lo entiende al asociarlo a la ultraderecha.
Puede que en Chile existan mayores mecanismos para enfrentar algún tipo de amenaza de deriva autoritaria de esa naturaleza, pero eso no cambia que en el espectro político estén en un extremo.
El ministro Claudio Alvarado señalaba que no están los tiempos para acuerdos transversales con la oposición, toda vez que ustedes no tienen una postura única para relacionarse con el gobierno. ¿No tiene un punto?
Hay que distinguir. Los acuerdos, cuando tienen mayor grado de amplitud, permiten estabilidad en el tiempo. ¿Por qué el gobierno insiste en la norma de la invariabilidad? Porque sabe que esta ley se aprobó con una mayoría ajustada. Tiene mayoría en ambas cámaras y logró la aprobación de la iniciativa. Si estuvieran convencidos de que esta es una buena idea, que cuenta con respaldo social, no existiría la norma de la invariabilidad, que es una forma de coartar el ejercicio de la soberanía popular para los próximos seis gobiernos. Seis congresos que no van a poder modificar estas normas sin que eso tenga un impacto pecuniario para el Estado. Si el gobierno insiste en la invariabilidad, es porque está consciente de que esta reforma tiene menores grados de consenso en lo que requeriría un cambio de esa profundidad.
Más allá de que se cayó, el PPD alcanzó un acuerdo en la invariabilidad…
El PPD, representado por su presidente y directiva nacional, ha señalado que no era parte del acuerdo. Lo segundo, la oposición es diversa, tal como nosotros también tuvimos una oposición diversa al presidente Boric.
¿Por qué se le obliga al gobierno a lo imposible si es evidente que una parte de la oposición quiere dialogar y otra no quiere? ¿O usted cree que no hay dos almas?
Creo que en la oposición hay diversidad, como lo hubo en la oposición al presidente Boric. Hubo sectores de la derecha que fueron constructivos y otros que le negaron la sal y el agua al presidente Boric. De hecho, el partido del presidente Kast no votó ninguna ley a favor de las que más valora la ciudadanía. Sistemáticamente complotaron, incluso trataban de derecha cobarde a aquellos que estuvieron dispuestos a sentarse a la mesa para generar una solución ante el drama de las pensiones que se había postergado durante mucho tiempo. Pero lo que ha habido aquí más bien es un atrincheramiento del gobierno. Es el gobierno el que no ha tenido la disposición de sentarse a conversar para generar un acuerdo más allá de su visión dogmática.
¿Acaso no se le hizo bullying al PPD cuando llegó a un entendimiento con el gobierno?
Creo que merecen el respeto propio de la diversidad. Pero en absoluto eso se compara a la forma en que fue tratado Chile Vamos por parte del Partido Republicano cuando acuñaron el término de derechita cobarde.
Dijeron que los senadores PPD se habían vendido…
No creo que tenga la misma intensidad ni la misma magnitud. Ahora, siempre voy a promover que el debate sea en un marco de respeto.
Quizás como en ningún otro partido, en el PS se ha reflejado esta idea de las dos almas…
Lo que puedo decir es que las resoluciones formales establecidas en órganos colectivos del Partido Socialista han sido claras respecto de la visión crítica en torno a la reforma impulsada por el ministro Quiroz. Cuando se discutió esto en el comité central, que es el órgano de conducción partidaria, hubo una evaluación unánime y el voto político fue aprobado por unanimidad respecto de lo malo que era para el país esta iniciativa.

¿Me explica entonces qué estaba haciendo la presidenta del Partido Socialista conversando con el gobierno?
Ella ha señalado que estaba cumpliendo con las resoluciones partidarias, así que en ese sentido yo hago fe de lo que señala.
Concederá que no se ve consenso respecto de cómo actuar frente al gobierno en su propio partido…
Si se habla de diálogo o no diálogo, tiene que ver con la naturaleza de las propuestas y si las iniciativas son buenas o malas para el país. Cuando hay una mala iniciativa para el país, y tenemos una visión distinta a la que está llevando adelante el gobierno, lo que hicimos fue advertirlo.
Se entiende que encuentren que la iniciativa de la megarreforma es una pésima iniciativa para el país, pero ¿no es parte de la responsabilidad como partido opositor no solo quedarse en la advertencia, sino que sentarse a conversar para que esa iniciativa que ustedes encuentran mala salga menos mala?
Pero para ello debe existir algo que me parece fundamental: una real voluntad del gobierno de corregir aquellos aspectos en los cuales se han hecho advertencias, insisto, no solo por los actores de la oposición, sino que por organismos técnicos. Todas estas advertencias se formularon y no le importó al gobierno.
En esa postura le dejan la cancha abierta a otras fuerzas políticas, como el PDG, que sí se sienta a conversar con el gobierno y le da los votos necesarios para que salga adelante en su iniciativa.
¿Y a cambio de qué? ¿De una rebaja del IVA para los pañales? De qué estamos hablando. Miles de millones de dólares para los que tienen más y un par de miles de pesos de rebaja en los pañales. O sea, no hay relación entre una cosa y la otra. Y el gobierno por eso construye mayoría, porque sabe que dentro de una parte de la banca del PDG tiene a aquellos que incluso están a la derecha del propio Partido Republicano.
Con su actitud, ¿no contribuyen a fortalecer al PDG?
Es que esto no tiene que ver con el cálculo político, tiene que ver con convicciones. El problema es que el proyecto está mal concebido, es malo para el país, es técnicamente deficiente, da cuenta de recetas que no van a dar resultado y lo único que hace es contribuir a que tengamos una sociedad con una peor distribución de la riqueza. No podemos renunciar a ideas y convicciones en las cuales creemos sólo para generar acuerdos. En política se tiene que actuar sobre la base de convicciones, y profundas. Un ejemplo. El presidente del Partido Republicano ha dicho que quieren privatizar Codelco. ¿Vamos a concurrir a un acuerdo para mejorar la forma en que se privatiza Codelco? No. Nuestra postura es clara: Codelco no debe privatizarse. Así de simple. ¿O vamos a aprobar entonces la privatización de Codelco a cambio de un paquete de pañales?
Entonces no van a concurrir a ningún diálogo ni a mejorar un proyecto si el gobierno no incluye modificaciones en el corazón mismo de estos.
El diálogo es positivo en la medida en que permite generar acuerdos con los mayores grados de consenso en la sociedad chilena. Quien tiene que dar la señal, porque es quien conduce la voluntad de entendimiento, es el gobierno. Y el gobierno lo que hizo fue atrincherarse. Siempre voy a promover el diálogo democrático para la generación de acuerdos, porque soy convencido de que cuando existe voluntad de buena fe para arribar a acuerdos, eso es bueno para el país, pero hay un sector político que no llegó a ningún acuerdo con el oficialismo mientras fue oposición y ahora está demostrando que no tiene ninguna voluntad de acuerdo con la oposición actual, porque actúan sobre la base de dogmas, con una visión sobreideologizada de lo que es la realidad de Chile y del mundo.
¿Está llamado el Partido Socialista a ser el primus inter pares de la oposición?
Todos los partidos de la oposición son iguales. No hay uno que tenga una prelación por sobre los otros. Cuestión distinta es que el PS, por su ubicación en el espectro ideológico, puede servir de puente para facilitar el diálogo y la convergencia de todos los actores del progresismo, y me la voy a jugar porque cumplamos un rol fundamental en esa unidad.
Al PS se le ha acusado derechamente de estar bajo la tutela del Frente Amplio…
En absoluto, tenemos coincidencias, pero también tenemos diferencias. Esta reforma era tan mala que qué íbamos a hacer. O sea, me llama la atención, porque cada vez que defendemos un punto de vista estamos respondiendo a una convicción profunda. Insisto, el voto del comité central fue aprobado unánimemente y daba cuenta de toda la advertencia respecto de la naturaleza del proyecto.
¿Cómo van a jugar ese rol ordenador, articulador, como le llama, si no son capaces de ordenarse ustedes mismos?
Primero, los roles se juegan, no se declaran. Y en segundo lugar, me parece muy positiva la declaración, también unánimemente aprobada por la mesa, que da cuenta de la necesidad de fortalecer la unidad partidaria en esta materia.
Hay gente que ha señalado que el PS está en una crisis. ¿Lo está?
Hubo diferencias públicas de parte de integrantes de nuestra directiva, pero si analizamos lo que ha sido la definición de los órganos colegiados, que son los órganos democráticos que definen la línea del partido, hay prácticamente unanimidad.
A usted se le señala como una suerte de poder en las sombras en el PS...
Soy un militante de base, tuve roles dirigenciales importantes, fui secretario general y presidente del partido. Lo que pueda hacer para contribuir a la mayor unidad del partido, la oposición y del progresismo, lo voy a hacer.

¿Está disponible para volver a presidir el PS?
Lo que he señalado es que no está en mis planes. La elección del partido eventualmente debe ser el próximo año, si es que no hay prórroga de mandato. Y por tanto, creo que no hay que adelantar la carrera interna.
A veces en los planes de uno hay cosas que no están, pero por la fuerza de los hechos se imponen...
Pero esto es una decisión que tendrá que tomarse en mucho tiempo más. Hay que apoyar a esta directiva, donde, por lo demás, se expresa la diversidad que tiene el partido.
Usted terminó el gobierno del presidente Boric como ministro del Interior. Para ese gobierno era un anhelo la instauración de una coalición de gobierno. ¿Sigue pensando que hay que tener un entendimiento desde el PC hasta el Socialismo Democrático?
Yo creo que tenemos que trabajar por la unidad del progresismo. Eso no obsta que teniendo diversidad de miradas en determinados aspectos se den los debates para que haya pronunciamientos programáticos explícitos respecto de distintas materias. Por eso he señalado que un proyecto progresista debe ser profundamente democrático, por tanto, apartarse de todo tipo de autoritarismo de lado a lado. En segundo lugar, tiene que tener como central la promoción de los derechos humanos, particularmente las libertades civiles y políticas, y los derechos sociales. En tercer lugar, tiene que tener una clara y nítida vocación transformadora, promoviendo crecimiento y redistribución de la riqueza, con políticas sociales claras y nítidas, y que tiene que hacerse cargo de la forma en la cual funciona la economía moderna, que está en proceso de cambios permanentes, digitalizada, y lo más relevante, el rol que va a tener la inteligencia artificial y el impacto que eso va a tener en el mundo del trabajo.
¿El PC cumple esos cuatro requisitos?
El progresismo en su conjunto tiene una serie de visiones compartidas, valores y principios, y también tenemos diferencias. Pero en ese proyecto nadie tiene que estar excluido