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Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
07 sep 2026 - 07:09
Primero fue una madre, luego un amor y un perro y finalmente una vida. Alejandro Palomas (Barcelona 1967) narrador de emociones y de espacios conocidos como son la familia y el dolor, regresa a lo que mejor conoce, los sentimientos, con Casa (Espasa). Palomas escoge sensibilidad, recuerdo y niñez para relatar en su nueva novela cómo la naturaleza se hermana con el hombre para hacerlo mejor. Y lo hace a través de una niña de siete años, inocente y preguntona, su padre separado y su abuelo, un hombre que por amor ha decidido no regresar a la casa de siempre. Palomas abre las puertas de esta historia como si fuera un refugio. Porque, como subraya, una casa no es solo donde vivimos, también lo que nos habita.
¿Cuál es la verdadera Casa del autor?
La verdadera Casa no es una casa. O no es solamente una casa. Es el lugar en el que uno puede bajar la guardia y no tener que explicarse. Para mí tiene mucho que ver con la memoria, pero también con la imaginación. Hay casas que hemos habitado y casas que nos han habitado a nosotros. Y a veces una casa puede ser una persona, una voz, un paisaje o incluso un libro.
La casa de uno, ¿es aquella en la que vive o es otra, donde se juntan los recuerdos, se fue feliz, se conoció la desdicha…?
Creo que la casa de uno es precisamente esa segunda. La casa física cambia, la puedes vender, la puedes perder, la puedes abandonar. La otra no. Ahí se quedan los muertos, los que fuimos, lo que nos pasó y también lo que no nos pasó. Y, curiosamente, también se quedan las cosas que hemos olvidado. Para mí la memoria es una casa bastante desordenada: abres una puerta buscando una cosa y te encuentras a alguien que creías que ya no estaba.
Mi primer mandamiento es no escribir nunca desde la comodidad, el segundo no traicionar al personaje y el más importante, no hacer ruido por hacer ruido
Alejandro Palomas, ¿sigue mandatos o mandamientos?
Mandamientos no. Mandatos, muchísimos. El problema es que la mayoría me los impongo yo y, muchas veces, se convierten en pura autoexigencia. El único mandato que intento no olvidar es: "Vive escuchando siempre el silencio de los demás".
¿Cuáles son los otros?
Uno: no escribir nunca desde la comodidad.Dos: no traicionar al personaje para llevarlo adonde a mí me conviene. Tres: escuchar antes de hablar, aunque esto último me lo salto bastante. Y cuatro, quizá el más importante: no hacer ruido por hacer ruido. Vivimos rodeados de ruido y a mí cada vez me interesa más lo que ocurre debajo.
El cambio climático no es una amenaza que vaya a venir: es una casa en la que ya estamos viviendo
Su novela, ¿es un alegato contra la poca atención que ponemos al cambio climático?
No he querido escribir un alegato contra nada. La literatura que necesita levantar el dedo índice me interesa poco. Lo que sí quería era poner al lector delante de una realidad que ya está ahí y preguntarle qué hacemos con ella. El cambio climático no es una amenaza que vaya a venir: es una casa en la que ya estamos viviendo. Y precisamente por eso me interesaba más hablar de cómo nos relacionamos con el mundo que hacer una novela de tesis.
El campo es duro, incómodo, imprevisible y muy poco complaciente. Pero a mí me devuelve el silencio
¿Siente tentación de dejarlo todo e irse a vivir al campo, al bosque, a un pueblo…? ¿O ya lo ha hecho?
Ya lo hice. Vivo en el campo desde hace años, en un lugar muy pequeño, y no tengo ninguna fantasía sobre lo que significa vivir allí. El campo es maravilloso y también es duro, incómodo, imprevisible y muy poco complaciente. No es una postal. Pero a mí me devuelve algo que la ciudad me quita: silencio. Y el silencio, para alguien que escribe, es una forma bastante seria de lujo.
¿De dónde saca las ocurrencias de Mika, la niña protagonista que endulza y amarga la realidad por igual? Hasta donde sé, no tiene usted hijos.
No hace falta tener hijos para haber sido niño. Y tampoco hace falta tener hijos para observar a los niños. Mika viene de muchos sitios: de mí, de niños que he conocido, de conversaciones escuchadas al pasar, de cosas que un niño dice sin saber todavía que está diciendo algo extraordinariamente inteligente. Los niños tienen una cosa que los adultos vamos perdiendo: todavía no saben qué cosas se supone que no se pueden decir. Mika me interesa precisamente por eso. A veces un personaje te hace reír porque dice una ocurrencia y, cinco segundos después, te das cuenta de que acaba de decir una verdad bastante incómoda.
Tamariz tenía algo para mí fundamental: no hacía magia desde la superioridad, sino desde la alegría. Y eso es tremendamente difícil
¿Y Tadeo, el abuelo sabio, está inspirado en alguien de su entorno?
No en una persona concreta. Mis personajes suelen tener ADN de mucha gente, pero no son retratos. Tadeo tiene cosas que he visto, cosas que he vivido y, seguramente, cosas que me he inventado porque necesitaba que existieran. La literatura necesita libertad. Si tus personaje tienen que pedir permiso para respirar, dejan de estar vivos.
Los magos, ahora que ha muerto Juan Tamariz, también ocupan un lugar importante en este relato.
Tamariz forma parte de esa categoría de personas que consiguen que durante unos minutos aceptemos que el mundo puede funcionar de otra manera. Y eso para un escritor es muy poderoso. La magia me interesa porque tiene mucho que ver con la literatura: ambos sabemos que hay un truco, pero queremos que nos engañen. Queremos creer. Y un buen mago no te explica cómo lo ha hecho; te devuelve a tu infancia durante un rato. Tamariz, además, tenía algo que para mí era fundamental: no hacía magia desde la superioridad, sino desde la alegría. Y eso es tremendamente difícil.
Cambio de editorial (de Destino a Espasa) porque a veces una casa deja de serlo y se convierte en una habitación en la que llevas tiempo si abrir una ventana
Se estrena con Casa en otra editorial, Espasa, aunque llevaba toda su vida literaria con Destino. ¿Por qué?
Porque a veces una casa deja de ser una casa y se convierte en una habitación en la que llevas demasiado tiempo sin abrir la ventana. Y eso no significa que dejes de querer la casa. Destino ha sido una parte importantísima de mi vida literaria. Allí viví cosas enormes, entre ellas el Nadal, y hay vínculos que no desaparecen porque cambies de editorial. Pero llega un momento en que necesitas moverte. No necesariamente porque estés mal, sino porque quieres saber qué ocurre cuando cambias de paisaje. Casa necesitaba eso. Necesitaba una puerta nueva. Y Espasa quiso abrirla conmigo. A veces cambiar de casa también es una manera de volver a casa.

Rosa Ballarín
Periodista Cultural '20minutos'
Rosa Ballarín Borruel es redactora de 20minutos desde 2023. Trabaja en la sección Estilos de vida, sobre cultura y entretenimiento. Su especialidad son los temas relacionados con libros y entrevistas con escritores.