Los empresarios piden que la formación se alinee con las demandas del tejido productivo. Avisan de que la necesidad de personal cualificado compromete la competitividad y puede afectar a la cadena de suministro.
La presión demográfica con una población ocupada cada vez más envejecida, la falta de atractivo de algunos sectores tradicionalmente vinculados a una imagen de condiciones precarias, además de una oferta formativa desalineada con la demanda de profesionales de las empresas son algunos de los factores que han hecho saltar las alarmas entre los sectores clave de la economía ante la falta de mano de obra cualificada. Este fenómeno es transversal a muchos de los oficios técnicos, pero también afecta a aquellos que son factores productivos esenciales, tal y como se desprende del sondeo realizado por EXPANSIÓN entre las principales organizaciones empresariales de la hostelería, construcción, agricultura, industria y transportes.
En un contexto de crecimiento sostenido a lo largo de los últimos años, la falta de personal se ha convertido en uno de los principales obstáculos para la expansión de los negocios en ciertos sectores, muchos de ellos con una implicación relevante en el PIB, como el caso de la hostelería -que supone el 7% la economía española- o la industria, que alcanza el 16% y la agricultura (10%).
Por ello, el impacto de esta falta de mano de obra constituye ya un reto que compromete la posibilidad de ganar productividad y de apuntalar un tejido empresarial competitivo, pudiendo además afectar a la cadena de suministros como en el caso del sector agroalimentario o del transporte y la logística. Según un reciente estudio del Banco Mundial, un 35% de las empresas acusa esta falta de personal.

Mientras que en la construcción este elemento será diferencial a la hora de afrontar la crisis de vivienda y las opciones para poder nutrir la demanda disparada en los últimos años -se precisan de 700.000 trabajadores para poder cubrir el déficit de 750.000 inmuebles-.
Esta escasez de mano de obra tiene lugar, no obstante, a pesar del fuerte crecimiento del empleo, que alcanza 22,7 millones de ocupados según el INE, y de la caída del paro a niveles de 2008, con 2,4 millones de personas, -aunque los demandantes de empleo ascienden a 4,1 millones -.
Es aquí donde las patronales acusan una falta de eficacia de los servicios públicos de empleo, incapaces de insertar a los parados a través de su intermediación y pese a ofrecer cursos de formación -que se demuestran claramente desalineados con las necesidades del mercado-.
El presidente de UNO Logística, Francisco Aranda, critica así el "fracaso de las políticas activas de empleo (orientación, formación e intermediación) que son las que dinamizan el mercado laboral". A lo que se suman unas políticas pasivas muy generosas en términos de subsidios, "mientras que en Europa esos recursos los condicionan a que el desempleado se incorpore cuanto antes al mundo laboral".
De hecho, a pesar del abultado desempleo -España registra la segunda tasa de paro más alta de la UE-, el mercado laboral cerró el primer trimestre de 2026 con un total de 159.785 vacantes -último dato disponible-, 6.900 más que en el mismo periodo de 2025 y la cifra más alta de toda la serie histórica, que arrancó en 2013.
Demografía
Una de las causas transversales a todos los sectores que acusan la falta de mano de obra es el reto demográfico y el progresivo envejecimiento de la población ocupada, que junto a la caída de la natalidad de las última décadas está dificultando el relevo generacional.
De los 22,7 millones de ocupados que registraba la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre de 2026, algo más de 5 millones de trabajadores superan los 55 años, un 22% del total y 8,2 millones tienen más de 50 años (el 36% del total). Unas magnitudes que anticipan un abultado volumen de jubilaciones en los próximos quince años difícilmente reemplazables en los mencionados sectores.
De este reto advierten todos los sectores, pero en el caso del transporte y la logística podría verse agravado por una próxima implantación de la jubilación anticipada para los trabajadores del colectivo, tal y como señala el presidente de la Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM), Carmelo González.
Los elevados volúmenes de absentismo juegan un papel importante. Los expertos señalan al envejecimiento como uno de los elementos que están impulsado el volumen de las bajas por incapacidad temporal. A efectos organizativos para las empresas, estas ausencias se agravan ante la escasez de mano de obra, ya que en muchos casos se imposibilita las suplencias de los empleados de baja.
Incluso en los sectores con menor índice de absentismo como en el caso de la construcción, las bajas tienen un mayor impacto al afectar a un amplio número de procesos, obstaculizando la cadena de producción, como advierte el presidente de la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), Pedro Fernández Alén.
Más allá, tras el fenómeno de la falta de mano de obra subyacen deficiencias en el sistema de formación profesional que impide cubrir los perfiles más demandados y que requieren cierta capacitación técnica. Todos los sectores reclaman actuar desde dos flancos: el refuerzo de los planes de Formación Profesional, enfocándolos en las necesidades de las empresas, e invertir en formación continua -reclaman desde Hostelería de España-.
En el medio agrícola, desde Asaja, su secretario de organización y responsable del área laboral, Juan José Álvarez Alcalde, considera necesario incorporar elementos que hagan más atractivo el campo con una discriminación positiva para los jóvenes que se incorporan, con exenciones fiscales durante los primeros años de actividad, y con acceso preferente al crédito y una simplificación administrativa.
Impacto económico
Con todo, el reto parece insoslayable a tenor del posible impacto para la economía. José Miguel Guerrero, presidente de Confemetal, recuerda que esta falta de mano de obra limita la capacidad para ganar productividad, capacidad exportadora, autonomía estratégica e innovación.
Hostelería de España advierte en este sentido del riesgo de freno para el crecimiento potencial de la economía española, al tratarse de uno de los sectores esenciales, clave en el desarrollo del turismo y que ocupa a más del 7% de los trabajadores en España y constituye uno de los motores principales del crecimiento económico.
En los últimos diez años, el sector hostelero ha creado más de 500.000 empleos directos, a un ritmo medio de 50.000 puestos anuales, hasta llegar hoy a los dos millones de empleos directos. Sin embargo, se prevé para la próxima década un crecimiento moderado entre 30.000 y 40.000 nuevos empleos cada año. Según la organización Hostelería de España, la escasez de mano de obra preocupa porque podría limitar el crecimiento de la hostelería y del conjunto de la economía española.
Para evitarlo, el sector reclama medidas que impulsen la formación continua, la productividad y la rentabilidad de las empresas, además de favorecer el aumento de la renta disponible de los hogares y el consumo. En cuanto a los perfiles más demandados, los profesionales de cocina y sala seguirán siendo esenciales, aunque crecerá la demanda de cargos como digitalización, redes sociales, comunicación, comercialización, control de calidad, seguridad alimentaria, gestión, atención al cliente e inteligencia artificial.
La digitalización, la automatización, la robotización y la inteligencia artificial transformarán profundamente la actividad hostelera durante los próximos años. El sector ya trabaja en estrategias para mejorar la gestión empresarial y desarrollar herramientas digitales que impulsen la profesionalización de bares y restaurantes, además de adelantarse a los futuros retos del sector en un entorno cada vez más competitivo y cambiante. Asimismo, reclama políticas que favorezcan la inversión, la innovación y una fiscalidad que impulse tanto a empresas y autónomos como al consumo de las familias. La organización subraya que el futuro de la hostelería dependerá de su capacidad de atraer y retener talento para responder a la demanda de los próximos años.
Según las estimaciones de las empresas del sector de la construcción, se precisaría de unos 700.000 trabajadores para poder acometer las obras necesarias para paliar el déficit de viviendas, que se sitúa en torno a 750.000 según el Banco de España. Desde la Confederación Nacional de la Construcción (CNC), advierten de que se construyen 95.000 viviendas al año de media, mientras que para poder dar respuesta a la elevada demanda sería necesario levantar cada año 220.000. Es en este punto donde la falta de mano de obra opera como uno de los muchos frenos que encuentran las empresas del sector para aumentar el ritmo de construcción. Según explica el presidente de la patronal, Pedro Fernández Alén, el sector cuenta ahora con cerca de 1,5 millones de profesionales, lejos de los 2 millones que llegó a emplear en los momentos más expansivos. En este sentido, la patronal advierte de que el Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, dotado con 7.000 millones de euros, aprobado por el Gobierno es una buena medida que puede caer en saco roto si no se produce un refuerzo de la mano de obra. Desde la CNC ven como una oportunidad para el sector el proceso de regularización extraordinaria de inmigrantes -al que se han acogido más de 1,17 millones de personas- si bien reclaman al Ejecutivo un impulso a la formación de los trabajadores, mediante entidades como la Fundación Laboral de la Construcción para poder capacitar al colectivo, ofreciendo una formación reglada y una vía de acceso a la economía formal. Entre los perfiles más demandados están los albañiles y los jefes de obra. Desde la CNC advierten, además, que junto a los problemas de mano de obra coexisten otros como la falta de revisión de precios -especialmente dañino para la obra pública- y la subida de costes de los materiales.
El sector agrario español mantendrá una alta demanda de mano de obra durante la próxima década, especialmente en los periodos de mayor actividad de las campañas de recolección. Según la Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (Asaja), el principal desafío será el déficit estructural de trabajadores que se intensifica por la despoblación rural, el envejecimiento de los titulares de las explotaciones y la falta de relevo generacional. Aunque la mano de obra en el campo seguirá siendo imprescindible, el perfil profesional evolucionará hacia trabajadores con mayor cualificación en áreas como el manejo de maquinaria avanzada, el riego eficiente, la sanidad vegetal, la gestión de datos agronómicos y la digitalización. Al mismo tiempo, el sector continuará necesitando peones agrícolas en campañas de alta demanda, especialmente en cultivos como horticultura, frutales, cítricos, olivar y viñedo. El secretario de organización de Asaja, Juan José Álvarez Alcalde, advierte que la pérdida de autónomos y explotaciones familiares podría continuar si no se garantiza la rentabilidad de la actividad. Frente a este escenario, se plantean medidas que favorezcan la incorporación de jóvenes, faciliten el acceso a la financiación y simplifiquen los trámites administrativos.
Asimismo, la mecanización, la agricultura de precisión y la inteligencia artificial serán claves para mejorar la productividad y reducir la presión laboral en tareas concretas, aunque no sustituirán el papel del agricultor y el ganadero. Asaja destaca la necesidad de impulsar la inversión tecnológica, la formación especializada y la conectividad en las zonas rurales. La falta de trabajadores durante las campañas ya genera pérdidas de cosecha, mayores costes y retrasos en la recolección, afectando a la competitividad de un sector que representa cerca del 10% del PIB español y es esencial para la economía rural. Además, la organización considera imprescindible reforzar las políticas de apoyo al campo para garantizar la sostenibilidad del sector.
La industria es uno de los sectores troncales de la economía española. Las empresas del sector ocupan a algo más de 3 millones de trabajadores, con un peso sobre el total de la economía del 16% del PIB. Una cifra que se encuentra cuatro puntos por debajo del objetivo fijado por la UE, para una de las actividades de mayor valor añadido. De todos estos trabajadores, 1,15 millones corresponden a la industrial del metal. Desde Confemetal, la principal organización empresarial del sector identifican varios factores causantes de la falta de mano de obra cualificada. Por un lado está el reto demográfico derivado del envejecimiento de las plantillas y de la jubilación de una generación de empleados muy numerosa. Por otro, está la imagen estigmatizada sobre la calidad del empleo en la industria y otros oficios técnicos que a ahuyentado a las nuevas generaciones de estas actividades. José Miguel Guerrero, presidente de Confemetal, advierte en este sentido de que en los próximos años se jubilarán cerca de 240.000 profesionales en la industria metalúrgica, mientras que la Fundación del Metal para la Formación cifra en 350.000 el número de empleados que se precisarán en los próximos años para cubrir los relevos y poder expandir la actividad. Para las empresas, la falta de mano de obra cualificada ya tiene efectos directos: retrasos en los proyectos, limitación de la capacidad de crecimiento, dificultad para la incorporación de nuevas tecnologías y retrasos en operaciones de inversión. A medio plazo, estas trabas pueden tener un impacto para la economía del país ya que la base industrial resulta esencial para ganar productividad, capacidad exportadora, autonomía estratégica e innovación. En este punto para cubrir la demanda de trabajadores desde Confemetal reclaman un impulso a la Formación Profesional y fortalecer la colaboración entre las empresas y el sistema educativo, además de mejorar la orientación hacia las profesiones técnicas trasladando a los jóvenes una imagen más ajustada de la realidad del sector, haciendo hincapié en las posibilidades de desarrollo laboral.
Los problemas de mano de obra en los sectores del transporte y la logística pueden provocar como pocos un frenazo de la economía, ya que ambos son la columna vertebral de la cadena de suministros que permiten el funcionamiento de todas las actividades. A la falta de 30.000 conductores se suma también la necesidad de mecánicos, jefes de tráfico, personal de talleres y especialistas de logística para planificación del transporte,
analistas de datos, repartidores, operadores de carretillas elevadoras, conductores de vehículos pesados y expertos en gestión aduanera. Por un lado, el presidente de la Confederación Española de Transporte de Mercancías (CETM), Carmelo González, atribuye esta escasez de mano de obra al problema demográfico, con unas plantillas envejecidas, al que se suma en este caso la posibilidad de que se apruebe próximamente para este colectivo la jubilación anticipada por profesión del alta penosidad, lo que drenaría aún más trabajadores en los próximos años. Mientras que otro aspecto transversal es el poco atractivo del sector para captar talento joven, entre otras cuestiones por unas condiciones de trabajo marcadas por largas jornadas y la necesidad de pasar mucho tiempo fuera de casa, lo que dificulta la conciliación familiar. A lo que se suma unos niveles salariales que no suponen un incentivo. Por otro lado el presidente de UNO Logística, Francisco Aranda, añade las barreras de acceso, ya que las licencias necesarias tienen un coste de en torno a 6.000 euros, a lo que se suma que la Formación Profesional no se adecua del todo a las necesidades del sector. En el caso de los conductores, se demanda una formación integral que incluya directamente el permiso de conducir y el Certificado de Aptitud Profesional (CAP). En este punto, Aranda denuncia el fracaso de las políticas activas de empleo. Desde la CETM, por su parte, advierten de que al ser un sector clave para el movimiento de mercancías, la falta de personal puede comprometer el abastecimiento -esencial para atender la demanda otros sectores como la industrial y el comercio-.