
El consumo de pescado contaminado con mercurio expone a comunidades indígenas y ribereñas del río Madeira, en Brasil, a riesgos sanitarios persistentes. En estas zonas, históricamente, este alimento ha sido la base de la dieta.
Según informó Mongabay Latam, la situación afecta a poblaciones como Lago Puruzinho, Calama y el Territorio Indígena Karipuna, en áreas conectadas por el río Madeira, una de las rutas fluviales donde operan las dragas dedicadas a la extracción de oro.
Los investigadores de la Universidad Federal de Rondônia (UNIR) sostienen que el metal pesado liberado por la minería termina en el agua, pasa a los peces y luego se acumula en el cuerpo humano a través de la ingesta frecuente.
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En Lago Puruzinho, a unos 20 kilómetros de Humaitá, cerca de 170 habitantes consumieron durante décadas especies de pescado del lago sin conocer el alcance de la contaminación.
Los estudios de la UNIR documentaron que las concentraciones detectadas en habitantes de esa comunidad figuran entre las más altas registradas en la cuenca del Madeira y superan el límite de seguridad de la Organización Mundial de la Salud.
En esa zona se tomaron alrededor de 76 muestras en personas y más de 2.000 en peces, con resultados que mostraron niveles entre tres y 7 veces por encima del límite seguro.
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El investigador Ronaldo De Almeida, coautor de varias de las publicaciones de la universidad, explicó que “el pescado es, lamentablemente, la principal vía de entrada para la ingestión de mercurio”.

También señaló que el riesgo mayor proviene del metilmercurio, una forma orgánica que se incorpora al organismo por la alimentación y cuya eliminación resulta muy limitada, lo que favorece su acumulación y eleva la posibilidad de daños neurológicos, cardiológicos y de orientación.
La investigación reúne una base de datos con más de 7.000 muestras de la sustancia tóxica en humanos y más de 5.900 en peces, tomadas en ríos amazónicos de Perú, Bolivia y Brasil.
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A partir del análisis de 39 estudios científicos publicados entre 1997 y 2024, se concluyó que habitantes de al menos 249 comunidades indígenas y ribereñas estuvieron expuestos a la contaminación durante 27 años.
Otras 702 localidades están en riesgo por su ubicación entre focos de minería ilegal y zonas donde ya se detectó presencia del metal en personas.

En el caso de Brasil, al menos 286 pueblos indígenas y ribereños desconocen cuánto mercurio tienen en el cuerpo y qué implica esa exposición sostenida.
En Calama, otra de las localidades relevadas, una investigación publicada en ScienceDirect encontró que la concentración promedio de metal en cabello de 34 personas alcanzó 9 miligramos por kilo, más de 4 veces por encima del límite de 2 mg/kg establecido por la OMS.
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En el Territorio Indígena Karipuna, de 153.000 hectáreas y habitado por 63 personas, el problema se suma a otros procesos de presión ambiental, como la invasión para tala y caza ilegal, además del avance de fincas ganaderas, soja y madereras en el entorno.
El líder Adriano Karipuna afirmó que la disponibilidad de la fauna acuática cayó con fuerza en los últimos años y que las especies que aún llegan presentan contaminación. “Hoy en día, si pescamos 4 peces en 6 horas, es mucho”, explicó.

Un estudio científico publicado en 2022 por PubMed analizó estos animales recolectados en ese territorio y detectó una concentración total de mercurio de 150 miligramos por kilo en tejidos de pirarucú (Arapaima gigas).
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El 94% del metal pesado estaba unido a proteínas musculares, lo que preocupa por el consumo de esa carne. Este proceso ocurre por bioacumulación, cuando sustancias tóxicas se concentran en la cadena alimentaria y alcanzan niveles altos en depredadores.
“El mercurio tiene una gran capacidad de disolución en los tejidos. Es difícil que sea filtrado por los riñones o el hígado, mecanismos fisiológicos de filtración del organismo. Y así se va convirtiendo en parte de los tejidos de los peces”, desarrolló el profesor Eduardo Bessa, de la Universidad de Brasilia (UnB).
“Y consumimos la musculatura del pescado, uno de los tejidos más contaminados… Y no comemos [sólo] un pescado a lo largo de nuestra vida, los comemos varias veces”, indicó el profesor.
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A fines de mayo de 2025, un operativo federal destruyó decenas de plataformas flotantes y equipos de succión en el área afectada, pero una semana después la actividad minera continuaba. Hubo otro operativo en septiembre de 2025, aunque el deterioro ambiental siguió.
El territorio brasileño es signatario desde 2013 de la Convención de Minamata, que fija reglas estrictas para el uso y comercio del mercurio. Pese a eso, el Ministerio del Medio Ambiente y Cambio Climático admitió que el país no cuenta con un plan sectorial vigente.
El Ministerio de Minas y Energía informó que el borrador del Plan Nacional de Acción para la Minería Artesanal y en Pequeña Escala de Oro permanecía en consulta pública hasta el 9 de septiembre.
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La fiscalía federal cuestionó que en la elaboración inicial de ese plan no se consultara a pueblos indígenas, comunidades ribereñas, organizaciones civiles ni entidades socioambientales.

De las 1.145 personas entrevistadas, 1.051 eran mineros y 51 gerentes, lo que dejó fuera a poblaciones que sufren los efectos directos de la degradación ambiental.
El Ministerio de Salud reportó 30 casos de intoxicación por mercurio en Amazonas y 12 en Rondônia en los últimos 20 años, aunque aclaró que los datos corresponden a hospitalizaciones estatales y no específicamente a la región del Madeira.
También señaló que en 2025 lanzó un plan estratégico para poblaciones expuestas al metal y que la incorporación del medicamento DMSA o succímero al sistema público para tratar intoxicación aguda tiene plazo hasta diciembre.
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