Deslizar una foto hacia la derecha se volvió un gesto tan automático como “scrollear” el “feed” de Instagram: en segundos aparece otro perfil, otra sonrisa, otra promesa de que esta vez sí. La dinámica de las apps de citas todavía funciona para buena parte de los solteros, pero está comenzando a convivir con un hartazgo cada vez más audible, el de acumular “matches” que nunca se convierten en un vínculo real. A continuación, propuestas que apuestan por el encuentro cara a cara desde el primer minuto (y que dan cuenta de que algo está cambiando en la forma de relacionarnos).

Revolución presencial
Desconocidos que se animan a hablar gracias a juegos y cartas pensados para romper el hielo, sin celulares a la vista, es la escena que eligió Gente Equis para plantarse como alternativa a Tinder, Happn y Bumble. La iniciativa nació hace dos años de la mano de la influencer Cande Zambrana y su socio Mateo Martínez, con un primer encuentro que reunió a unas 80 personas. Hoy organizan tres fechas mensuales de 250 asistentes cada una. "Eso comprueba nuestra idea de que la gente está harta de las apps de citas y se quiere conocer en la vida real", remarca Martínez.

El público tiene entre 25 y 40 años, se reparte en partes iguales entre hombres y mujeres, y si bien algunos valientes llegan solos, lo más común es ir con amigos. Es que no es un evento pensado únicamente para conseguir pareja, aunque hay quienes se conocieron aquí y terminaron casándose y también grandes grupos de amigos que se iniciaron en algún encuentro. Además de las distintas dinámicas, suman "cupidos" que ayudan a acercar a los desconocidos y un momento de “stand up” a cargo de la propia Zambrana. Los encuentros se hacen los viernes y sábados en el Campo Argentino de Polo y en el Club de Pescadores y el plan a futuro es sumar sedes en Rosario, Córdoba, Mar del Plata y Bariloche.

Al mismo tiempo, el circuito de bares porteños encontró su propia versión del fenómeno con una insignia. La palabra "Tinder Jobs" prendida en la remera es la señal que usa el bar de juegos Jobs para su “speed dating” presencial, activo desde 2023 en sus tres sucursales de Boedo, Palermo y Núñez, entre mesas de pool, bowling y un “scalextric” gigante. Quien la lleva puesta avisa que está disponible para conocer gente, con turnos de cinco minutos por "cita" antes de que suene el aviso del “host” y todos roten de mesa. Más de 3000 personas pasaron por la dinámica desde su lanzamiento, con ediciones que convocan a 500 asistentes y crecen un 10% cada vez.

Detrás de ese crecimiento hay más que curiosidad. "Están saturados y cansados de todo lo que es la virtualidad para conocer gente y parejas", describe Julián Mizrahi, socio de Grupo Miz Juegos, dueño de Jobs. El fenómeno se acentúa entre los más jóvenes, dice, porque son quienes más reportan aplicaciones donde nadie responde o las charlas nunca despegan. El público de Tinder Jobs es mayormente femenino, un 60%, con un promedio etario de entre 21 y 25 años. Ya se formaron más de 65 parejas a las que las une un detalle familiar: quienes conocieron a su media naranja ahí le toman un cariño particular al lugar, casi como si el bar pasara a formar parte de su historia.
El nuevo match
La coctelería también se sumó a la tendencia, aunque con reglas más sueltas que las de una cita cronometrada. Un cóctel con una tarjeta de preguntas pegada a la copa funciona como excusa para hablarle al de al lado en Match & Drink, la propuesta que Mona Gallosi armó dentro de la agenda de Punto Mona, su bar en Chacarita. A diferencia de las dinámicas pautadas de otros formatos, acá no hay rotación de mesas ni tiempo límite, el recorrido es libre, con mesas altas, shows y música en vivo y cada quien decide cómo vivir la noche. Apunta a un público más adulto, la generación +35 que busca diversión fuera de las apps. "El bar es un punto de encuentro perfecto para interactuar y compartir, invitando a salir de las pantallas con cóctel en mano", resume Gallosi sobre la idea detrás del evento.

El menú también fue pensado en función del encuentro, con platos estilo finger food fáciles de comer de pie y compartir entre desconocidos, así como cócteles diseñados con preguntas especiales para romper el hielo. Todo sucede en esta ex fábrica reciclada que combina deck exterior, salón, livings y barra central. Ahí, entre empanadas de langostinos y cócteles de autor, Gallosi asegura que la clave pasa por generar una atmósfera de confianza. "Lo que pasa en Punto Mona queda en Punto Mona", sintetiza sobre el espíritu del lugar.
Podría decirse que el cronómetro de Tinder Jobs y la tarjeta de preguntas de Punto Mona cumplen la misma función: bajar la ansiedad del primer cara a cara. Para la psicóloga Viviana Kelmanowicz, autora de "El mapa del bienestar" (Urano), el resurgimiento de estos encuentros responde a algo profundo. "Los demás importan. Somos interdependientes, nos necesitamos, y esa necesidad no es metáfora ni poesía, es un hecho biológico y psicológico", plantea, retomando una idea del psicólogo Chris Peterson. Según explica, las apps prometieron optimizar el vínculo como si fuera un catálogo, pero dejaron afuera algo que solo aparece en la copresencia real, el contacto de cuerpo y mirada que permite que dos cerebros se acoplen y hasta que los corazones se sincronicen entre desconocidos.

La especialista sostiene que la estructura de estos formatos ayuda y presiona al mismo tiempo, y la diferencia está en el cronómetro. Una tarjeta con preguntas saca de encima el silencio incómodo del primer minuto, pero en cuanto aparece el aviso de cambio de mesa, la dinámica deja de contener y empieza a exigir, ya no se trata de conocer a alguien sino de rendir examen contra el tiempo. Por eso, plantea que una cena o un encuentro sin apuro relaja más que un “speed dating” estricto, aunque los dos tengan reglas.
Para quienes sienten ansiedad frente a la vuelta al encuentro presencial después de años de pantalla, Kelmanowicz aclara que el chat previo no es el enemigo, sino que funciona como un precalentamiento que reduce la sensación de extrañeza cuando el vínculo se traslada a la vida real. Su consejo final apunta menos al otro que a uno mismo: terminar la cita y hacerse la única pregunta de cuánto se disfrutó del encuentro. "La meta de la cita no es gustarle al otro, es gustar de vos", resume.
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