Imagen de archivo de un hombre acariciando y alimentando a un mono. (Magnific)

Imagen de archivo de un hombre acariciando y alimentando a un mono. (Magnific)

En muchos centros que mantienen animales salvajes —como zoos, acuarios o autodenominados “refugios”—, se proponen a los visitantes actividades que consisten en acariciar, alimentar, sostener, fotografiarse o abrazar especies no domesticadas. Leones, primates o incluso tiburones pasan a convertirse en productos de reclamo turístico, una forma de explotación comercial que entraña múltiples cuestiones éticas y de bioseguridad.

En nuestro país, este fenómeno conocido como petting zoos no para de crecer. Generalmente se promocionan como experiencias educativas, familiares o de sensibilización ambiental, pero, en realidad, son acciones preocupantes desde el punto de vista del bienestar animal, la salud pública, la seguridad de las personas, la conservación de la biodiversidad y la educación ambiental.

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Así lo señala la coalición InfoZOOS, desarrollada por la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales (FAADA) y Asociación Nacional para la Defensa de los Animales (ANDA), que ha elaborado un informe sobre los petting zoos en el que indican que al menos 40 centros de España permiten este tipo de interacciones con la fauna salvaje.

Algunos centros de España permiten a los visitantes fotografiarse o acariciar crías de felinos salvajes. En la imagen, un cachorro de puma en Thompson Park (Nueva York). (Kurt Thomas Hunt/Wikimedia Commons)
Algunos centros de España permiten a los visitantes fotografiarse o acariciar crías de felinos salvajes. En la imagen, un cachorro de puma en Thompson Park (Nueva York). (Kurt Thomas Hunt/Wikimedia Commons)

Algunos los que se encuentran en el informe de FAADA y ANDA son Mundo Park (Sevilla), Marineland Catalunya (Barcelona), Terra Natura Benidorm (Alicante) o Faunia (Madrid).

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La Ley 31/2003, de 27 de octubre, de conservación de la fauna silvestre en los parques zoológicos, establece que deben asegurarse condiciones adecuadas de bienestar, sanidad y seguridad, así como fomentarla concienciación sobre la biodiversidad y la necesidad de protegerla. Según FAADA y ANDA, “el mantenimiento de actividades que promueven el contacto directo entre visitantes y animales salvajes contradice frontalmente estos fines”.

Desde la Fundación visitaron de incógnito esta primavera el Zoo de Castellar de la Frontera (Cádiz) y el Zoo Safari Fauna Aventura (Toledo). “Documentamos escenas que nos dejaron profundamente preocupadas: depredadores salvajes paseando entre familias, visitantes invitados a acariciar leones como si fueran gatos domésticos, instalaciones que permiten que animales como lobos puedan sacar la cabeza por el vallado, y primates —animales capaces de transmitir diversas enfermedades a los humanos— pasados de unas manos a otras".

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Imagen de archivo de un niño acariciando una jirafa en el zoológico de Virginia Occidental. (Wikimedia Commons)
Imagen de archivo de un niño acariciando una jirafa en el zoológico de Virginia Occidental. (Wikimedia Commons)

Tal y como señalan las asociaciones, estas actividades ponen en peligro la seguridad de los visitantes, ya que los animales salvajes “conservan comportamientos instintivos e imprevisibles, independientemente de que hayan nacido en cautividad o estén habituados a la presencia humana”. Así, pueden morder, arañar, golpear o atacar repentinamente.

También es una amenaza en materia de salud pública. La coalición InfoZOOS destaca que más del 60 % de las enfermedades infecciosas conocidas en humanos tienen origen animal y aproximadamente el 75 % de las enfermedades emergentes son zoonóticas, es decir, transmisibles de forma natural de los animales vertebrados a los seres humanos y viceversa.

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“El contacto estrecho con fauna silvestre facilita la transmisión de patógenos en ambas direcciones, un riesgo que se agrava con el estrés continuo al que están sometidos los animales obligados a participar en estas interacciones”.

Imagen de archivo de una niña dando de comer a un lémur. (Magnific)
Imagen de archivo de una niña dando de comer a un lémur. (Magnific)

De hecho, FAADA y ANDA denuncian que estas interacciones suponen un grave problema de bienestar animal al provocarles “estrés crónico, miedo, frustración y alteraciones conductuales”. Incluso cuando estos animales han nacido en cautividad o han sido sometidos a entrenamiento, no se elimina su condición de especies salvajes.

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Junto a todo esto, las actividades que fomentan el contacto estrecho con este tipo de fauna añade un riesgo en materia de conservación y educación, puesto que transmiten una imagen distorsionada de estos animales, presentándolos como “seres dóciles, domesticables y disponibles para el entretenimiento humano”.

Según denuncian desde InfoZOOS, esto “banaliza su naturaleza, desvirtúa el mensaje pedagógico que debería acompañar a cualquier exhibición de fauna y dificulta la comprensión de las verdaderas amenazas que afectan a las especies en libertad”.

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Esto se ve, además, amplificado por las redes sociales. Su difusión masiva influye en la demanda de animales salvajes como mascotas porque altera la percepción del público y puede incrementar la aceptación social de su tenencia como animales de compañía. Se favorece así “el comercio legal e ilegal de especies y la extracción de ejemplares de la naturaleza”.

Así lo explicaba precisamente en Infobae Olga Martín Carrera, responsable de Políticas de la Fundación AAP en España —que junto con ANDA y FAADA forman la Coalición para el Listado Positivo—. La experta indica que las redes sociales tienen un “papel fundamental y tremendamente dañino” en este sentido, ya que presentan a estos animales “como adorables mascotas”, lo que los aboca “a una vida de sufrimiento y privaciones que ocasiona que sufran daños físicos y psicológicos”.

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Además de los petting zoos tradicionales, las asociaciones han identificado una tendencia en auge que también resulta preocupante: las granjas-escuela que han incorporado especies salvajes y exóticas y que ofrecen actividades con estos de interacción directa.

Una niña da de comer a una jirafa en un zoo. (Magnific)
Una niña da de comer a una jirafa en un zoo. (Magnific)

“Esta tendencia resulta especialmente preocupante si se tiene en cuenta que las granjas-escuela constituyen un destino habitual para excursiones escolares y visitas familiares, lo que implica que miles de niños y niñas están siendo expuestos a un mensaje profundamente distorsionado sobre la fauna silvestre”, además de al riesgo de “sufrir accidentes o ataques y la transmisión de enfermedades zoonóticas”.

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Las asociaciones recuerdan que “ningún centro de rescate real permitiría jamás la manipulación o las interacciones directas con animales salvajes”. Que estos establecimientos utilicen dicha etiqueta es “una estrategia claramente engañosa destinada a atraer a personas especialmente sensibilizadas con la protección animal”.

FAADA y ANDA señalan que los verdaderos centros de rescate y rehabilitación persiguen los objetivos de garantizar el bienestar de los animales, minimizar el estrés y, siempre que sea posible, favorecer su recuperación y eventual reintroducción en la naturaleza.