Saludó de manera cordial, como siempre, pero sabía que no tenía margen para realizar ninguna de sus bromas habituales. Tampoco se le cruzó por la cabeza. Cuando a las 21.34 entró en la sala destinada a las conferencias de prensa en el estadio Juan Carmelo Zerillo, minutos después de que River perdiera por 1 a 0 contra Gimnasia y Esgrima La Plata, Eduardo Coudet era consciente de que tendría que ofrecer explicaciones delante de los periodistas y con miles de hinchas atentos a través de diferentes dispositivos electrónicos luego de la tercera caída al hilo y la cuarta en los últimos cinco partidos oficiales del equipo. Un cóctel prácticamente fatal para cualquier técnico, sobre todo en un club de la envergadura de River, donde únicamente los ídolos pueden llegar a salir ilesos al cabo de semejante racha negativa.

“River no te da margen ni tiempo. Hay que ganar”, sentenció el Chacho, con un semblante serio y de evidente preocupación. Rosario Central, su rival del domingo que viene y al mismo tiempo el equipo con el que tiene mayor identificación, aparece como una amenaza para su futuro inmediato como entrenador de la institución de Núñez, donde su contrato tiene vigencia hasta el 31 de diciembre de 2027, aunque con una cláusula de rescisión tanto a su favor como del club para interrumpir el vínculo durante todo diciembre próximo sin contraprestación económica alguna.

Futbolistas cabizbajos: River volvió a perder y sigue sin rumboNacho Amiconi

Hoy ese escenario ni siquiera está cerca de plantearse porque el presente pone en jaque a Coudet, más allá de que él no dudó de su continuidad durante la atención a los medios de comunicación ni tampoco la dirigencia dio señales de echarlo, sabiendo también que de hoy al domingo una resolución sería imprudente en términos de planificación para un tercer interinato de Marcelo Escudero y la búsqueda de un sustituto que reúna el consenso suficiente. Sin embargo, la situación es límite en materia de resultados, con el agravante de que River no ofrece indicios positivos a nivel futbolístico al punto tal de que en La Plata provocó apenas tres atajadas del arquero rival, Nelson Insfrán. Quedaron lejos los seis triunfos en sus primeras siete presentaciones al mando del equipo desde que asumió el pasado 4 de marzo en reemplazo de Marcelo Gallardo.

Para colmo, Coudet tampoco está firme en materia de conducción. “Fue una decisión del club”, respondió, sin profundizar en detalles, cuando el viernes 17 de julio, tras la eliminación ante Aldosivi en los 16avos de final de la Copa Argentina, fue consultado por los futbolistas separados del grupo, que se entrenan en el predio Cantilo. Y anoche, con respecto a una eventual marcha atrás sobre la situación de los protagonistas en cuestión, contestó con una frase que evidencia su poder acotado en el armado del plantel, debido a que sus decisiones se encuentran bajo la órbita de la dirigencia y la secretaría técnica: “Yo ya opiné del tema. No soy el indicado para hablar sobre los marginados”.

Luego de cumplir una fecha de suspensión, Coudet volvió a estar al pie del campo de juego para dar indicacionesNacho Amiconi

Preocupado ante la ausencia de un funcionamiento acorde con las expectativas, especialmente luego de poner como titulares a cuatro de las seis incorporaciones que River tuvo hasta ahora, el DT admitió que atraviesa una coyuntura casi desconocida en sus 11 años de carrera. “Es de las veces que más me ha costado hacer jugar a un equipo como quiero que juegue. Estamos terminando de armar el plantel. Necesitamos tres o cuatro jugadores más en posiciones donde tenemos muchos juveniles”, analizó, aunque también exigiendo refuerzos mientras continúan las gestiones para terminar de acordar el arribo del mediocampista Tobías Andrada (19 años), de Vélez Sarsfield.

Una estadística incómoda

Con apenas cuatro ciclos —dos de ellos con el mismo DT— en los últimos 12 años, tomando como punto de partida el debut oficial de Gallardo el 27 de julio de 2014, River coquetea con una situación incómoda: el riesgo de perder a un entrenador por segunda vez en el mismo año, circunstancia que no ocurre desde 2010, cuando Leonardo Astrada, Ángel Cappa y Juan José López ocuparon el cargo. Todo un síntoma que excede a Coudet y se refleja con una estadística completamente extraña para un club modelo en materia de gestión integral, pero con serias dificultades en el fútbol, su asunto central: desde la eliminación frente a Palmeiras, en los cuartos de final de la Copa Libertadores de 2025, el conjunto de Núñez jugó 43 partidos, de los cuales ganó 18, perdió 18 e igualó en siete.

Coudet se retira de la cancha de Gimnasia con la mirada apuntando al pisoNacho Amiconi - LA NACION

En ese lapso, que eyectó como DT nada menos que a un gigante como Gallardo, hubo pocas actuaciones convincentes del equipo. Y entre las 18 caídas, hubo dos frente a Boca. Una de ellas fue al mando de Coudet, que en su haber registra la derrota en la final del Torneo Apertura contra Belgrano, la mencionada eliminación ante Aldosivi en Salta y el histórico traspié con Barracas Central del sábado pasado.

Sin crédito de la mayoría de los hinchas, un escenario fácilmente comprobable en cualquier mesa de café, grupo de WhatsApp o mediante el parámetro que pueden brindar las redes sociales, Coudet sabe que el margen de error es prácticamente nulo. Está obligado a ganar frente a Central en el estadio Monumental, donde llegará último en la zona B del Clausura, fuera de los puestos de clasificación a la siguiente edición de la Libertadores y, en el plano personal, expuesto a los silbidos, una reprobación que no le tocó experimentar a Gallardo, pero sí a Martín Demichelis, compañero del Chacho como jugador y antecesor como sustituto del Muñeco.