“Me golpearon, me maltrataron, me llevaron bien lejos y amenazaron con pegarme un tiro en la cabeza”. Lo cuenta el reconocido disidente cubano Manuel Cuesta Morúa. Pero puede ser cualquiera. A cinco años de las masivas protestas del 11 de julio de 2021, son incontables los cubanos sometidos a una represión rigurosa que la dictadura caribeña calibra y recalibra sin cesar para ahorrarse otra sorpresa desagradable, en un año ya complicado para la sociedad cubana por la severa política de Estados Unidos hacia la isla.

Las manifestaciones que sacaron a los cubanos a las calles el llamado 11J fueron un grito de libertad que el mundo siguió con emoción. Los herederos de Fidel Castro por fin estaban en jaque y salían de escena, quién lo hubiera creído. Pero la sonrisa duró un suspiro, velozmente revertida por los servicios de seguridad. No en vano llevaban años manejando una especie de “pax comunista”, donde los disidentes eran silenciados de mil maneras.

Policías vestidos de civil detienen a un manifestante antigubernamental durante la protesta del 11 de julio de 2021

Desde entonces los jerarcas agregaron otros trucos para que nadie se anime a juntarse en masa y hacer pasar vergüenza, con otra inmensa manifestación, a un gobierno de partido único que se presenta como la encarnación del bien. Desde el punto de vista del partido, no habrá remake del 11J. Ni ahora ni nunca, mientras pueda frenar a los díscolos.

“La prisión política, la vigilancia digital, la persecución de organizaciones independientes y el uso de delitos ambiguos o extremadamente graves muestran que Cuba se prepara para impedir o castigar cualquier nueva movilización ciudadana”, advirtió en un informe la ONG Prisoners Defenders.

Ya en febrero la Comisión Interamericana de Derechos Humanos condenaba la nueva ola de represión contra periodistas y ciudadanos que ejercen sus derechos a la libertad de expresión, en prácticas represivas que se extienden a diversos sectores de la sociedad civil, incluidos defensores de los derechos humanos, activistas, artistas y personas percibidas como opositoras.

La gente protesta frente al Capitolio en La Habana, el 11 de julio de 2021

Quien mejor puede decirlo es Cuesta Morúa, que el 20 de junio fue subido a un vehículo de la seguridad del Estado, donde lo golpearon en el camino hacia quién sabe dónde para dejarlo luego tirado en un descampado, en medio de la nada, previa amenaza de que si su activismo dejaba al país en “indefensión” le volarían la cabeza.

Pasaron horas de dolor en soledad hasta que un auto que pasaba casualmente por el lugar lo levantó y lo devolvió a su casa, con su mujer, que había denunciado su desaparición forzosa.

Desconexión

“Lo que ha venido haciendo el régimen en los últimos tiempos es perfeccionar esos mecanismos para evitar no tanto ya la protesta, que se ha instalado en Cuba, sino evitar que las diversas protestas que se suceden en la isla se conecten entre sí y reproduzcan el fenómeno y el evento del 11 de julio de 2021, que obviamente sería mucho más fuerte, mucho más poderoso, porque el malestar ha crecido”, dijo Cuesta Morúa a LA NACION, todavía convaleciente de los golpes de su obligada excursión fuera de La Habana.

El activista opositor cubano Manuel Cuesta Morúa, en La Habana (Archivo) YAMIL LAGE - AFP

“Hay protestas aisladas en distintas regiones del país, en la propia capital, acá en La Habana. Hay protestas en algunos lugares incluso continuadas pero aisladas unas de otras. Quieren evitar que estas protestas se conviertan en una protesta más masiva, sistemática y permanente. Ellos van contra quienes juzgan que son personas que pueden llegar a enhebrar todo”, precisó.

Según el Observatorio Cubano de Conflictos, solo en junio se reportaron 107 manifestaciones presenciales en la isla, impulsadas principalmente por los apagones, la escasez de alimentos y la inseguridad ciudadana, una protesta social .

Al frente del Consejo para la Transición Democrática en Cuba (CTDC), Cuesta Morúa intentaba articular esas diversas protestas al momento de su detención. Pero a pesar de los golpes y advertencias, en su conversación con LA NACION no dio señales de dar el brazo a torcer frente a la tajante prepotencia gansteril. Más bien se expresó con su natural talante de calma resolución.

Eddy Ceballos en la vieja base militarYoutube

Otro sonado caso fue el arresto del humorista Eddy Ceballos, un carismático youtuber con miles de seguidores que revela las miserias del régimen en su satírico Despingovery Channel. Ceballos sale a recorrer La Habana para mostrar con su cámara antiguos edificios en ruinas y otros espacios públicos, incluso cementerios, alguna vez espléndidos y ahora reducidos a esqueletos.

Los agentes detuvieron a Ceballos bajo cargos de “espionaje”, una etiqueta clásica que permite todo tipo de atropellos contra el destinatario. ¿Qué operaciones clandestinas, sabotajes o robos de documentos estaba realizando Ceballos, elevado al rango de espía al servicio del imperio? Para empezar, cabe aclarar que no lo pescaron, por ejemplo, escuchando detrás de las cortinas de su oficina al presidente Miguel Díaz-Canel. Tampoco hackeando la Dirección de Inteligencia.

Lo que desató la detención fue un programa donde mostraba los despojos de una base militar de la era soviética. Entre matorrales, y con la guía de dos chicos de la zona que se divertían mientras le mostraban el lugar, el youtuber fue enfocando los restos decrépitos del sitio abandonado. Se ve la puerta maciza de un búnker, un viejo radar, un misil de los años sesenta. Estos restos estaban desde siempre a la vista de los vecinos, como los chicos sonrientes que hicieron de guía.

Un graffiti con la bandera cubana en La Habana, el 17 de junio de 2026Jorge Luis Banos - AP

Ceballos difundió las imágenes de la base, según lo previsto. Pero en un punto sintió que era el canto del cisne, que venían por él y que iban a poner fin, no solo a la frescura y el desparpajo de sus relatos, sino a su misma libertad. Por eso dejó grabado un mensaje que un periodista amigo dio a conocer tras su esperada detención.

“Si están viendo este video quiere decir desgraciadamente que he sido encarcelado, separado de mi hogar, de mi familia, de mi hija”, anunció. Y si la veía venir era porque conocía la secuencia de causa y efecto que rige en Cuba: a cada denuncia le sigue una represalia.

Falsa apertura

“Mientras el régimen trata de ganar tiempo y de vender una apertura económica falsa que le permita continuar en el poder, las condiciones que llevaron al levantamiento del 11 de julio de 2021 no solo siguen presentes, sino que se han exacerbado en un contexto de continua resistencia civil de la población. Esto ha generado, desde el régimen, una dinámica de perfeccionamiento represivo, en la que por cada acción de protesta se ha respondido con mayor represión”, dijo a LA NACION Oscar Grandío Moráguez, autor del libro Mejor no me callo. Notas ante una transición en Cuba.

El "Spiderman de Marianao" lanzando denuncias al régimen desde el balcón de su viviendaTwitter

Politólogo e historiador, Grandío dio otro ejemplo de la vida real, pero que parece sacado de un comic. Se trata de la detención de Javier Martín Gutiérrez, conocido como el “Spiderman” de Marianao, campeón cubano de artes marciales mixtas. Gutiérrez fue arrestado en abril, tras nueve días de protesta pacífica desde el balcón de su casa, denunciando la miseria, la creciente violencia, el consumo de drogas y el deterioro de sectores como el deporte y la salud.

Agentes de civil lo derribaron, lo golpearon y lo introdujeron por la fuerza en un vehículo, alegando algún desequilibrio mental. Según explicó Grandío, “es un patrón clásico de deslegitimación psiquiátrica que vale la pena señalar como una táctica históricamente muy utilizada por los órganos represivos del régimen”.

El gobierno cubano conoce su libreto de memoria y además sabe improvisar cuando hace falta, golpeando a quien corresponda. Del otro lado, lo que Manuel Cuesta Morúa hace desde su organización civil, Eddy Ceballos desde Youtube y el “Spiderman” de Marianao desde su balcón, otros muchos lo hacen a su manera: alzar la voz por una vida mejor.