
El verano trae consigo riesgos específicos para la salud de los perros, que aumentan con la subida de las temperaturas y las olas de calor. Muchos dueños desconocen cómo adaptar rutinas y cuidados para evitar situaciones de peligro, que pueden ir desde golpes de calor hasta lesiones en las patas.
La veterinaria María (@mariavetican) advierte que uno de los fallos más repetidos es dejar que el perro beba “todo el agua que quiera” cuando se le ve “agitado, jadeando muy fuerte y con calor”, porque existe “riesgo de torsión de estómago”. Recomienda ofrecer agua, pero “poquito a poquito”, y pide a los dueños aprender a reconocer un golpe de calor y a actuar con rapidez: “Haremos algún vídeo explicándolo”.
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La especialista alerta también sobre la costumbre de mojar al perro de golpe en pleno verano: “¡Buf! Qué calor tiene, está ardiendo, voy a pegarle un manguerazo frío”. En lugar de mojarlo de forma indiscriminada, explica que “la mejor forma de refrescar a tu perro, sobre todo si vais a estar al sol, es mojarle cuello, axilas, barriga, ingles y patitas”.
Según la veterinaria, echar agua “en el lomo” puede ser contraproducente “para que no se sobrecaliente ese agua que quede atrapada en el pelo”. Por eso insiste en focalizar el enfriamiento en zonas donde los vasos sanguíneos están más cerca de la piel, ya que así el efecto es más eficiente y seguro.
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Otro error común en esta época, según María, es “raparle el pelo para que pase menos calor”. Aclara que los perros “de una sola capa” pueden llevar el pelo más corto, pero “siempre dejando cierta largura para que no quede la piel expuesta”.

En el caso de los perros “de doble capa”, la advertencia es tajante: “Jamás podemos raparles el pelo”. Para ambos tipos, indica que lo más eficaz es “cepillar regularmente para quitar todo el pelo muerto de la muda, eso sí que refresca”. El cepillado ayuda a evitar el exceso de calor y cuida la piel, además de prevenir problemas dermatológicos.
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La veterinaria también pone el foco en los paseos en campos de espigas, un entorno que se suele subestimar: “Dejarles correr por campos de espigas pensando que no pasará nada”. Recuerda que “una sola espiga te puede llevar a urgencias” y pide evitar ese riesgo, sobre todo con perros curiosos o con pelo largo.
En las salidas a la calle o a la playa, María insiste en no confiarse con las patas: “Pensar que sus almohadillas aguantan todo”. Advierte que “la temperatura del asfalto o incluso de la arena de la playa a pleno sol puede hacerles daño”.
Para tomar una referencia rápida, propone una comprobación simple: “Aguanta tú tocando el suelo cinco segundos”. Además, aconseja hidratar las almohadillas para reducir el impacto del calor y el terreno, utilizando cremas específicas o alternativas recomendadas por el veterinario.
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Otra situación típica del verano es sacar al perro “en horas de mucho calor” porque “lleva muchas horas sin salir y está nervioso”. La especialista admite “paseos cortos buscando la sombra para hacer pis y caca”, pero sugiere no usarlos para “cansarle” cuando suben las temperaturas.
Como alternativa, recomienda “la estimulación mental en casa”: “juegos de masticación, puzzles, adiestramiento”. Así, se puede bajar el nivel de actividad física en las horas más calurosas sin dejar de cubrir las necesidades de comportamiento y bienestar.
María añade un punto que suele pasarse por alto: “No cambiar nada en su alimentación, error”. En verano, dice, “hay que hidratarles mejor” y mantener “agua fresca siempre disponible”. Entre sus opciones para aumentar la hidratación menciona “añadir comida húmeda o dieta natural, dar frutas” y “hacer helados con yogur”. Y cierra con un recordatorio para dueños: “Cuidad a vuestros peludos, que hace mucho calor”.
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